Deber ser uno de los lugares que simplemente no se olvidan, porque no es solo es un sitio donde puedes ver lo que más te impresiona, sino sentir. Las sensaciones son la clave para los lugares que quieren ser importantes en el mundo, aquí los cinco sentidos formar parte de la ruta.
Quizá los niños hayan creído que la rutina de ir a un museo se limita a observar todo lo que esta guardado y que jamás podrá estar a tu alcance. Pero no, los niños deben saber que eso no es exacto, que existen algunos lugares que tienen sótanos y paredes que no son cuadradas, que algunos museos escapan de lo convencional. Eso lo puede saber cualquier niño u adulto que llegué hasta uno de los más espectaculares museos en Salzburgo, en el país de Austria, es decir el Dommuseum o también conocido como el Museo del Tesoro de la Catedral.
Llegar al Dommuseum es asistir a un paseo por la cultura austriaca. Un pequeño curso acelerado de belleza visual para adultos. Y es que viene a ser un edificio repleto de historia que invita permanentemente a admirar las piezas de gran valor histórico que allí se conservan mientras que para los niños el hecho de su especial construcción los invita a recrear su imaginación. El interior del museo, un niño puede creer y tener la sensación de estar dentro de una cueva debido a las paredes circulares de las que esta hecha el lugar, asimismo creen equivocadamente que están paseando por un laberinto lleno de objetos brillantes y tesoros que sus padres no dejan de admirar y captar imágenes con sus cámaras fotográficas. Los niños ante tamaña diversión no hacen más que ahorrarle a sus padres la tarea de cuidarlos durante el paseo.
El Dommuseum guarda un lugar especial en su sótano: una galería de arte. Y es que en Salzburgo, lugar donde la música clásica cobró su dimensión de excelentísima, no se podía dejar de mencionar a Mozart, ese genio de la música. En la galería de arte se guardan tesoros de gran valor, algunos hechos íntegramente de oro, y otras de plata. También forman parte cuadros religiosos de épocas pasadas y hasta manuscritos originales. Lo singular y quizá lo más sublime es el concierto en las últimas horas de la tarde para todos aquellos que han visitado el museo, con un homenaje musical al hijo predilecto de Salzburgo: Wolfang, Amadeus Mozart.





