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Se dice que Madrid es una ciudad que es excesivamente grande y atiborrada de gente, es cierto, es populosa, en realidad es la tercera ciudad más habitada de Europa. Es de conocimiento público que entre sus grandes edificaciones reside la de los reyes y que la Madre Patria nunca es más cosmopolita que en sus plazas y en sus calles.

 

 La ciudad galáctica de Madrid

Para muchos, y me incluyo en este conjunto de personas, Madrid es una de las ciudades más hermosa del mundo, la ciudad galáctica, la que concentra cada partecita del mundo, cada ciudad, cada país y tradición, albergada en una estancia. Los conocedores dicen que el mejor fútbol también está en esa ciudad de postal.
 
Los muchachos extranjeros refieren que las mujeres son hermosas, que las Penélopes se pasean por las plazas y las avenidas anchas como si fueran gorriones, lo mismo sucede con los galantes madrileños.

 La ciudad galáctica de Madrid

¿Qué más podemos decir de la ciudad? Que clima es previsible porque lo hace su gente, que las noches de vino y bares son interminables, que no hay mejor bohemia que la concebida en Madrid. Que el placer de lo vivido en cada noche no es mayor en ninguna otra ciudad.

Para museos nada mejor que la calle, mucho mejor si se recorre sin orden alguno ni restricción alguna, porque Madrid es una ciudad viviente, un museo al paso, una urbe galopante que se estremece y estremece a cada esquina, a cada parque que transita por la vida, cuando uno cruza o atraviesa por ella. La Plaza Mayor es el ombligo de ese ser viviente, el corazón del comercio y los hoteles, ahí hace falta más que pies para recorrerlo todo, para insertarse en una ciudad compuesta por universalidades, por gentes de todo el mundo, por corazones que laten como un pulso aire, como el poema, como una ciudad que se concentra y torna universalmente hermosa. Históricamente portentosa.

 La ciudad galáctica de Madrid
 
Madrid es cultural, es bohemia, es arte, es eso que hipnotiza, que ilumina los ojos y atrae, amor a primera vista. Es amor a la vida. Una ciudad poeta, desde Calderón de la Barca hasta Gracilazo de la Vega, una ciudad hecha poema, un verso interminable que puede iniciarse en un café de cualquier plaza y extenderse, prolongarse hasta la interminable noche, y continuar el delirio y hasta la llegada de los rayos solares, en esa mañana anaranjada, crepuscular. En la que todo lo vivido se convierte en un recuerdo inolvidable. Porque Madrid es un sueño y, como dice Rosa Montero, la vida es mucho más pequeña que los sueños, así que hay que aprovecharla.

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Categoría: Destinos, España, Europa, museos

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